Me siento como si fuera un globo. Un globo que siempre está a punto de explotar porque tiene demasiado aire en su interior. De esos que sabes que, si lo tocas, puede reventar. O no.
Me siento como si fuera un globo. Y el aire de ese globo es como si fueran todas esas miles y aparentemente pequeñas cosas que poco a poco, han ido llenando ese globo. Se han ido acumulando hasta hacerlo más y más grande.
Y no sé cómo hacerlo explotar. No sé si desinflarlo poco a poco o reventarlo sin más. No sé qué hacer para dejar de sentirme tan frágil e indefensa como ese globo. Quiero dejar de sentir que voy a explotar en cualquier momento.
Supongo que para dejar de sentir que voy a explotar en cualquier momento tengo que controlar mis sentimientos. Controlar mis sentimientos para dejar de sentirme mal por cada cosa que hago. POR CADA COSA.
Simplemente a veces quisiera no sentir. Ser de piedra.
Quiero dejar de pensar en cada paso que doy y que voy a dar. Quiero dejar de odiarme tanto a mí misma. Ese odio hacia mí misma que duele tanto. Que duele, pero no sé cómo hacer que desaparezca. A veces lo intento, intento que desaparezca, intento quererme un poco más, pero luego vuelvo al punto de partida y mis ganas de volver a intentarlo se van a la mierda.
Cansada. De mí. De todo.
No sé qué hacer con respecto a nada. Estoy tan perdida en todos los aspectos de mi vida que hasta asusta.
Y nadie va a salvarme. Porque tengo que salvarme yo.
Me limito a perder mi tiempo escribiendo pura mierda por el simple placer de escribir pura mierda.
Y desahogarse.
Qué tonta. Ya.
Al final siempre soy yo quien se rompe.
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